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En LymecCheck Lab nos dedicamos al diagnóstico especializado de la enfermedad de Lyme mediante técnicas analíticas avanzadas y rigurosos protocolos de calidad.
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En LymecCheck Lab nos dedicamos al diagnóstico especializado de la enfermedad de Lyme mediante técnicas analíticas avanzadas y rigurosos protocolos de calidad.
La Enfermedad de Lyme es una patología infecciosa multiorgánica transmitida principalmente por la picadura de garrapata (y otros vectores como arañas, mosquitos o pulgas) al infectar el organismo con la bacteria Borrelia burgdorferi.
El gran peligro del Lyme es su capacidad de camuflaje. Se le conoce como la «Gran Imitadora» porque sus síntomas suelen confundirse con Fibromialgia, Fatiga Crónica, Esclerosis Múltiple, Artritis reumatoide y diversas enfermedades autoinmunes o neurodegenerativas, lo que lleva a años de tratamientos erróneos o incompletos.
Nosotros te creemos. Sabemos que no es psicológico y que puede tener un origen infeccioso. Disponemos de tecnología diagnóstica para confirmarlo y encontrar la causa de la sintomatología que padeces pero que nadie te cree.
La bacteria tiene la capacidad de «esconderse» dentro de las células y crear Biofilms (escudos protectores), volviéndose invisible al sistema inmune y a los antibióticos estándar. Si hay un Lyme crónico activo es porque hay un sistema inmune deficiente.
Las pruebas convencionales (ELISA) suelen dar negativo en pacientes crónicos porque su sistema inmune está tan debilitado que ya no fabrica los anticuerpos que el análisis busca cuantificar.
No nos basamos solo en la serología estándar. Utilizamos pruebas de alta sensibilidad (LymeCheck, iSpot, Elispot) para detectar la presencia real de la bacteria y sus coinfecciones (Babesia, Bartonella, Ehrlichia, Chlamidia pneumoniae, Rickettsia, Mycoplasma).
En la Enfermedad de Lyme, el tiempo es un factor decisivo. Detectarla de forma temprana y certera es fundamental porque, durante las primeras semanas, la bacteria es más vulnerable al tratamiento. Sin embargo, muchos pacientes consultan meses o incluso años después de la picadura, cuando la infección ya se ha vuelto crónica y el sistema inmunitario está debilitado.
Si te identificas con esta situación, no te culpes: la Borrelia tiene una gran capacidad para pasar desapercibida en el organismo.
Con frecuencia, el Lyme puede quedar oculto tras diagnósticos como la fibromialgia o el síndrome de fatiga crónica. Si experimentas dolor y cansancio persistentes pero tus pruebas médicas resultan normales, conviene valorar la posibilidad de que sea un Lyme.
A menudo se confunde el Lyme con Esclerosis Múltiple, ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) o Párkinson temprano. También se investiga su vínculo con el Autismo y el TDAH. Incluso el Lyme puede ser la causa de las mismas.
Lupus, Artritis Reumatoide, Tiroiditis de Hashimoto, Colitis Ulcerosa o Crohn.
Si tienes alguno de estos diagnósticos, estás en tratamiento pero los síntomas no mejoran o siguen avanzando, es importante descartar la Enfermedad de Lyme. Tratar una infección bacteriana con corticoides (pensando que se trata de una enfermedad autoinmune) puede empeorar significativamente la evolución del cuadro clínico
El Lyme precoz es la fase inicial de la Enfermedad de Lyme y puede manifestarse desde los primeros días hasta semanas después de la infección. En esta etapa, un tratamiento antibiótico adecuado suele eliminar la bacteria del organismo. Sus síntomas más frecuentes incluyen fiebre, escalofríos, malestar general, dolor de cabeza, dolor articular y rigidez muscular. Si no se trata a tiempo, la infección puede progresar y afectar a distintos sistemas del cuerpo.
El Lyme de diseminación temprana ocurre cuando la bacteria avanza por el organismo semanas después de la infección, incluso si no hubo síntomas iniciales. Puede provocar señales más graves como debilidad o parálisis facial, alteraciones del ritmo cardíaco, entumecimiento y dolor, dificultad para respirar o dolor torácico. Detectarlo y tratarlo cuanto antes es clave para evitar que la enfermedad siga progresando.
El Lyme crónico es la fase tardía o persistente de la enfermedad, que puede aparecer meses o incluso años después de la infección inicial. Sus síntomas suelen ser inespecíficos y difíciles de relacionar con la picadura de garrapata, lo que complica su diagnóstico. Cuando se manifiesta, la bacteria puede haber afectado a órganos como el cerebro, el corazón o las articulaciones, provocando problemas neurológicos, cardíacos y dolor crónico. Detectarlo a tiempo es clave para evitar daños más graves.
Aunque la mancha rojiza característica es un signo conocido, aparece en menos del 50% de los casos y puede pasar desapercibida si la picadura ocurre en zonas ocultas o la erupción es atípica. Por eso, la ausencia de esta señal no descarta la enfermedad: ante síntomas compatibles, es importante buscar valoración médica sin esperar a ver la mancha.
